Hay
que llenarlos de amor; pero ciertas
actitudes son contraproducentes.
O
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frecer a los
bebes todo nuestro cariño no equivale a mal criarlos. Más que el alimento, el
suelo o la higiene, los niños necesitan el amor de sus padres. Para que un
pequeño se desarrolle sano y feliz no puede faltar la seguridad y el calor
familiar. Besos, abrazos y palabras tiernas son elementos imprescindibles para
él.
No cabe duda
de que ciertos comportamientos, a veces, convierten a los chiquitines en unos
consentidos… pero vamos a dejarlos para un poco mas adelante. Lo primero que
nos interesa es dejar en claro que actitudes NO pueden malcriar a un bebé.
Conozcamos en
su casa a dos mamás. Empezaremos con la de un niño al que llamaremos Jaime.
Esta madre acude solicita a ver que le pasa a su hijo cada vez que llora.
Cuando él muestra ganas de jugar, ella juega con él. Si parece cansado, lo deja
descansar. En caso de que considere que él niño aceptará de buen grado sus
mimos y apapachos, ella se los ofrecerá en abundancia, pero si manifiesta el
deseo de que lo dejen en paz, ella respetará su postura.
La mamá de
Alberto, en cambio, unas veces lo atiende cuando lloran y otras… lo dejan
quejarse un buen rato. En ocasiones juega con él muy a gusto; pero, si esta
ocupada en sus asuntos propios, lo ignora del todo (incluso aunque el niño se
muestre animado y con ganas de jugar). Es verdad que, en algún momento, le
entran ganas de darle un abrazo, y entonces va y se lo ofrece, pero le da igual
que el bebé lo reciba o no de buen grado. En realidad, esta mujer responde a
las invitaciones de su hijo según su propio estado de ánimo y no en función de
los decesos y necesidades del pequeño.
¿Esta la
primera mamá- la madre de Jaime- malcriando a su bebé? Desde luego que no; la
relación que establece con el niño es correcta por que ella sintoniza con él y esta
continuamente al tanto de sus necesidades.
Sin embargo,
cuando no ocurre así, cuando no se presta atención a las señales del bebé, este
puede sentirse frustrado en múltiples aspectos: en sus requerimientos
alimenticios e higiénicos, en los comunicativos
y, por su puesto, también en los afectivos (la voz, los gestos y hasta
la forma en que lo manipulamos al levantarlo en brazos o vestirlo le transmiten
mensajes muy claros sobre nuestras actitudes y sentimientos).
Al principio,
el pequeño necesitara que nos dediquemos a él casi de tiempo completo. Si
respondemos de esta forma, el bebé desarrollará una especie de fantasía de
“omnipotencia”, una ilusión de control mágico sobre el mundo que lo rodea.
Semejante
visión es muy positiva para él, ya que fundamentará las bases de una correcta
salud mental, así lo estableció el pediatra y sicoanalista Donald W. Winnicott,
un gran experto en las emociones del bebé, con su concepto sobre la “devoción”.
Mas tarde, cuando el niño empiece a tolerar un poco mejor las frustraciones de
su vida, habrá que transmitirle, poco a poco que las cosas no funcionan de tal
manera.
Ahora no
tenemos ningún inconveniente en reconocer que si, que los bebés se vuelven unos
malcriados cuando los papás no actúan de forma adecuada. Para que esto no
ocurra, debemos introducir, lentamente, algunas normas, rutinas y ritmos que
les harán la vida más sencilla (y, de paso, también a nosotros).
RUTINAS DE SUEÑO. Para regular su horario
de descanso los bebés necesitan una ayudita de nuestra parte. Las primeras
semanas no distinguen bien entre el día y la noche, y más o menos cada tres
horas reclaman su alimento. Sin embargo, después, conviene ir distanciando la
toma. Tampoco es recomendable dejarlos dormir más de tres o cuatro horas
seguidas.
Cuando un
pequeño se despierta por la noche, hay que acudir y calmarlos siempre; pero
tratando de no sacarlo de la cuna ni encender la luz; jugar en horas nocturnas podría
animarlo a iniciar una incomoda costumbre.
LUGAR DE DESCANSO. Lo ideal es
que el niño cuente con un cuarto especialmente acondicionado para él desde el
principio. No hay inconveniente en que descanse allí el primer día de vida. Si
nos inclinamos por esta opción, su habitación deberá ser continua a la nuestra
y habrá que dejar ambas puertas abiertas para oírlos. Otra alternativa
igualmente valida consiste en ponerlo a dormir en una cuna en nuestro cuarto.
En este caso, lo más conveniente es plantearse el traslado a partir del sexto
mes.
EL LLANTO. Aquí seremos
claros: las lagrimas de los bebes deben recibir una respuesta rápida, serena y
tranquilizadora. Si desde recién nacidos se les calma de inmediato,
probablemente luego tenderán a quejarse menos. Dejarlos llorar y llorar, en
cambio, a demás de ser cruel y peligroso, fortalecerá en ellos una actitud de
dependencia.
Sin embargo,
el llanto constituye una respuesta natural, y a veces, los niños lloran incluso
aunque los consolemos. Lo que esta en desuso y resulta despiadado es ignorarlos
creyendo que así aprenderán a calmarse solos. Quede claro, pues, que tranquilizar calmar a un bebé NO significa malcriarlo.
TOMARLO EN BRAZOS. He aquí un
modo excelente de serenar a un chiquitín. Pero no hay que hacerlo solo cuando
lloré, sino también, y de forma preferente cuando esté tranquilo y contento.
Debemos tenerlo en brazos varias horas al día. Y no basta con hacerlo solo para
el baño, la alimentación y demás cuidados. Una mochila porta bebes suele
facilitar Alos padres el tiempo de contacto cuando tienen actividades que
realizar.
De todos es
conocida la importancia del contacta piel con piel para los bebés. Pero
pensemos que esa comunicación no tiene porque reducirse a tenerlo en brazos. Hay
otras formas igual de placenteras para él y nosotros. Por ejemplo, cuando valla
cumplido meses y ya consiga sentarse solo, podemos descender al suelo y
sentarnos a su lado. Las alfombras constituyen un excelente lugar para
colocarnos a la altura de nuestros niños: en ellas resulta muy grato leer,
coser, ver la televisión y, sobre todo, caminar a gatas y compartir juegos con
el pequeñín.
COMPAÑÍA. Los bebés
también necesitan estar a sus anchas. En el primer año de vida no soportan
fácilmente la soledad, pero si sienten que estamos cerca (en la misma
habitación o en la de al lado) y saben que acudiremos cuando nos necesiten,
empezaran a entretenerse solos a ratos. Proporcionémosle un entorno seguro y
juguetes adecuados para que realicen sus propias experiencias y sus propias
dependencias. Solo un requisito: no nos alejemos demasiado ni los dejemos mucho
tiempo solo (aunque lo soporten). Y mientras el niño permanezca despierto,
permitámosle estar en la sala o en la cocina, junto a nosotros. Los niños que
participan en la vida familiar se desarrollan mejor y son más despiertos.
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