lunes, 15 de octubre de 2012

De hazaña en hazaña aprenden imitandonos



DE HAZAÑA EN HAZAÑA APRENDEN IMITANDONOS
Repiten todo lo que ven, es su manera de integrarse y de entender el mundo.      

P
aula tiene 22 meses y, a pesar de su corta edad, todos los días intenta cepillarse el pelo y se pone ella solita la diadema como hace Ana, su hermana mayor. Jaime tiene 15 meses y besa a su mamá en la frente cada mañana, como ha visto hacer a papá antes de salir al trabajo. Además, disfruta con un teléfono celular de juguete con el que mantiene verdaderas conversaciones con su muy, muy limitado lenguaje… ¿Quién les ha enseñado? Nadie; no obstante, la respuesta es simple: nos están imitando.
Por increíble que parezca, ya desde sus primeros días de vida los bebés pueden empezar a reproducir algunos gestos sencillos, aunque sean actos prácticamente involuntarios. De hecho, algunas veces los padres identificamos en nuestros retoños gestos que creemos heredados de papá o mamá, cuando en realidad no son sino producto de la imitación temprana. Y esa tendencia a la imitación innata se irá fortaleciendo a lo largo de los años a través de los estímulos que les procuremos.

¿Cómo aprenden?
Claro que todo lo que sabe un niño con uno o dos años no sólo es fruto de la imitación, también lo es de la experiencia directa. Y ambas tienen mucho que ver. El pequeño nos ve, nos imita, lo prueba, ve qué funciona y qué no, y luego vuelve a intentarlo. Su experiencia le dice que a pesar de que mamá toma el bote con una mano y el tapón con otra, a él le resulta más fácil dejar el bote en el suelo y usar las dos manos para taparlo. Entonces viene el ensayo-error, ensayo-error, repetir todo mil veces hasta lograr su objetivo. ¿Qué pasa después? Que vuelve a ver a mamá tapar el bote. Él ya ha adquirido suficientes habilidades para imitarla, esta vez, casi igual.
Pero, para eso, tendrá que tener acceso al bote y a la tapa (por poner un ejemplo). Si no, difícilmente podrá imitarnos.


  
Consejos para tomar en cuenta

 
  • Hay que enseñarles a comer solos, pero dejar que lo hagan a su ritmo, por mucha prisa que tengamos. 
  • No solo debemos ser modelos de socialización, también procurarles lugares donde practicarla (en el parque, en cumpleaños de familiares o amiguitos, por ejemplo). 
  • No basta con decirles que debe comer variado si nosotros no probamos la verdura.


Paciencia, mucha paciencia
Y ni siquiera esto es suficiente. Para que aprenda imitando también es necesrio mucha paciencia (nuestra y de ellos).
Por ejemplo, un niño de casi dos años puede comer solo… o no. Teniendo en cuenta que con esa edad tiene la capacidad de tomar el tenedor y pinchar, el que lo haga dependerá de que le hayan enseñado, de que haya visto a otros hacerlo (imitación) y, claro está, de que se lo permitan hacer y animen a ello felicitándolo por el esfuerzo invertido.
Entonces, el éxito de sus pequeñas hazañas dependerá de la paciencia de sus padres. Permitir que sean ellos poco a poco los que resuelvan los problemillas (tremendos problemas según su punto de vista) es fundamental para su aprendizaje.

Sus primeros maestros: los padres, los amigos…
Así que somos nosotros de quienes antes aprenden y a quienes antes imitan. Y no sólo porque estamos cerca y nos ven durante todo el día, sino porque nos quieren. Imitan a las personas que aman, a sus referentes. Entre los que también se incluyen, aunque ne menor medida, sus tíos, primos y compañeros de guardería.
Sí, de estos últimos también aprenden, y mucho, y es muy importante que lo hagan, por ser la única forma que tiene de sociabilizarse con sus iguales, aunque algunas de las cosillas que retengan no nos gusten demasiado. Y es que, ¿qué padre no ha dicho alguna vez?: “¿Dónde ha aprendido este niño a decir esta palabra?”. Pues de la guardería, de su inocente compañero de clase, que a su vez lo escucho decir a su adorado tío. Y como lo quiere tanto lo imita.
Aunque cada niño tiene su ritmo, la mayoría está en pleno aprendizaje del lenguaje y, a partir de los dos años, se soltarán a parlotear lo que han escuchado en casa, en la calle, en la tele. En este aspecto de desarrollo la imitación es total (sólo aprenden escuchando) y los padres podemos hacer mucho para echarles una manita.
Una buena manera de aprender palabras nuevas contribuyendo a enriquecer así su lenguaje es cantarles. Vale tanto una canción infantil como otra inventada. También existen en el mercado un montón de libros con ilustraciones y sonidos que enseñan a los niños a distinguir una vaca de una oveja y a saber que una hace “muu” y la otra “beee”.
Y si lo nuestro no es ni la música ni las rimas, no por esto dejemos de hablarles. Cuantas más oportunidades de conversar provoquemos, más desarrollarán ellos, por imitación, su vocabulario y capacidad de expresión. Lo fundamental es que le hablemos bien, tratando de no repetir sus errores. Porque si nosotros imitamos sus fallas y ellos a su vez nos imitan, tardarán mucho en saber qué es correcto y qué no lo es.

También imitan miedos
Tampoco se las pasan por alto nuestras reacciones. Todo se les queda grabado en su cabecita. Es el caso de Laura, cuyo terror a los perros sólo es comparable al que siente su padre.
Está claro que es complicado – y casi obsesivo- tener siempre en la cabeza que el niño está aprendiendo continuamente de lo que hacemos y lo que no hacemos. Pero no se trata de agobiarse ni de tratar de ser perfectos en todo momento, sino de establecer hábitos, valores y normas de convivencia normales y relajadas donde podamos ser congruentes con nuestras palabras y actos.

Copian todos nuestros comportamientos, aunque no entiendan para qué sirven



Cuidado con los malos hábitos

  •  No sólo copian lo bueno, también lo malo. Comer con malos modos o decir malas palabras son solamente algunas de las “perlas” que podemos “legar” a nuestros hijos con nuestro comportamiento.
  • Pero hay hábitos más peligrosos. Está comprobado, por ejemplo, que si uno de los padres fuma, existen cuatro posibilidades contra una de que el hijo repita el hábito, por más que se le haya advertido en su contra. Lo mismo sucede con temas como el alcohol o la violencia.
  •  La cuestión está clara: si nosotros no controlamos nuestros malos hábitos, no podremos controlar nunca los suyos. Los padres no somos siempre ejemplares, pero sí somos siempre el ejemplo.

MIMARLOS NO QUIERE DECIR MALCRIARLOS

   0 - 12 meses
      Mimarlos         no quiere decir malcriarlos

Hay que llenarlos de amor;  pero ciertas actitudes son contraproducentes.

O
frecer a los bebes todo nuestro cariño no equivale a mal criarlos. Más que el alimento, el suelo o la higiene, los niños necesitan el amor de sus padres. Para que un pequeño se desarrolle sano y feliz no puede faltar la seguridad y el calor familiar. Besos, abrazos y palabras tiernas son elementos imprescindibles para él.
No cabe duda de que ciertos comportamientos, a veces, convierten a los chiquitines en unos consentidos… pero vamos a dejarlos para un poco mas adelante. Lo primero que nos interesa es dejar en claro que actitudes NO pueden malcriar a un bebé.
Conozcamos en su casa a dos mamás. Empezaremos con la de un niño al que llamaremos Jaime. Esta madre acude solicita a ver que le pasa a su hijo cada vez que llora. Cuando él muestra ganas de jugar, ella juega con él. Si parece cansado, lo deja descansar. En caso de que considere que él niño aceptará de buen grado sus mimos y apapachos, ella se los ofrecerá en abundancia, pero si manifiesta el deseo de que lo dejen en paz, ella respetará su postura.
La mamá de Alberto, en cambio, unas veces lo atiende cuando lloran y otras… lo dejan quejarse un buen rato. En ocasiones juega con él muy a gusto; pero, si esta ocupada en sus asuntos propios, lo ignora del todo (incluso aunque el niño se muestre animado y con ganas de jugar). Es verdad que, en algún momento, le entran ganas de darle un abrazo, y entonces va y se lo ofrece, pero le da igual que el bebé lo reciba o no de buen grado. En realidad, esta mujer responde a las invitaciones de su hijo según su propio estado de ánimo y no en función de los decesos y necesidades del pequeño.
¿Esta la primera mamá- la madre de Jaime- malcriando a su bebé? Desde luego que no; la relación que establece con el niño es correcta por  que ella sintoniza con él y esta continuamente al tanto de sus necesidades.
Sin embargo, cuando no ocurre así, cuando no se presta atención a las señales del bebé, este puede sentirse frustrado en múltiples aspectos: en sus requerimientos alimenticios e higiénicos, en los comunicativos  y, por su puesto, también en los afectivos (la voz, los gestos y hasta la forma en que lo manipulamos al levantarlo en brazos o vestirlo le transmiten mensajes muy claros sobre nuestras actitudes y sentimientos).
Al principio, el pequeño necesitara que nos dediquemos a él casi de tiempo completo. Si respondemos de esta forma, el bebé desarrollará una especie de fantasía de “omnipotencia”, una ilusión de control mágico sobre el mundo que lo rodea.
Semejante visión es muy positiva para él, ya que fundamentará las bases de una correcta salud mental, así lo estableció el pediatra y sicoanalista Donald W. Winnicott, un gran experto en las emociones del bebé, con su concepto sobre la “devoción”. Mas tarde, cuando el niño empiece a tolerar un poco mejor las frustraciones de su vida, habrá que transmitirle, poco a poco que las cosas no funcionan de tal manera.

Ahora no tenemos ningún inconveniente en reconocer que si, que los bebés se vuelven unos malcriados cuando los papás no actúan de forma adecuada. Para que esto no ocurra, debemos introducir, lentamente, algunas normas, rutinas y ritmos que les harán la vida más sencilla (y, de paso, también a nosotros).





RUTINAS DE SUEÑO. Para regular su horario de descanso los bebés necesitan una ayudita de nuestra parte. Las primeras semanas no distinguen bien entre el día y la noche, y más o menos cada tres horas reclaman su alimento. Sin embargo, después, conviene ir distanciando la toma. Tampoco es recomendable dejarlos dormir más de tres o cuatro horas seguidas.
Cuando un pequeño se despierta por la noche, hay que acudir y calmarlos siempre; pero tratando de no sacarlo de la cuna ni encender la luz; jugar en horas nocturnas podría animarlo a iniciar una incomoda costumbre.

LUGAR DE DESCANSO. Lo ideal es que el niño cuente con un cuarto especialmente acondicionado para él desde el principio. No hay inconveniente en que descanse allí el primer día de vida. Si nos inclinamos por esta opción, su habitación deberá ser continua a la nuestra y habrá que dejar ambas puertas abiertas para oírlos. Otra alternativa igualmente valida consiste en ponerlo a dormir en una cuna en nuestro cuarto. En este caso, lo más conveniente es plantearse el traslado a partir del sexto mes.

EL LLANTO. Aquí seremos claros: las lagrimas de los bebes deben recibir una respuesta rápida, serena y tranquilizadora. Si desde recién nacidos se les calma de inmediato, probablemente luego tenderán a quejarse menos. Dejarlos llorar y llorar, en cambio, a demás de ser cruel y peligroso, fortalecerá en ellos una actitud de dependencia.
Sin embargo, el llanto constituye una respuesta natural, y a veces, los niños lloran incluso aunque los consolemos. Lo que esta en desuso y resulta despiadado es ignorarlos creyendo que así aprenderán a calmarse solos. Quede claro, pues, que tranquilizar calmar a un bebé NO significa malcriarlo.

TOMARLO EN BRAZOS. He aquí un modo excelente de serenar a un chiquitín. Pero no hay que hacerlo solo cuando lloré, sino también, y de forma preferente cuando esté tranquilo y contento. Debemos tenerlo en brazos varias horas al día. Y no basta con hacerlo solo para el baño, la alimentación y demás cuidados. Una mochila porta bebes suele facilitar Alos padres el tiempo de contacto cuando tienen actividades que realizar.
De todos es conocida la importancia del contacta piel con piel para los bebés. Pero pensemos que esa comunicación no tiene porque reducirse a tenerlo en brazos. Hay otras formas igual de placenteras para él y nosotros. Por ejemplo, cuando valla cumplido meses y ya consiga sentarse solo, podemos descender al suelo y sentarnos a su lado. Las alfombras constituyen un excelente lugar para colocarnos a la altura de nuestros niños: en ellas resulta muy grato leer, coser, ver la televisión y, sobre todo, caminar a gatas y compartir juegos con el pequeñín.

COMPAÑÍA. Los bebés también necesitan estar a sus anchas. En el primer año de vida no soportan fácilmente la soledad, pero si sienten que estamos cerca (en la misma habitación o en la de al lado) y saben que acudiremos cuando nos necesiten, empezaran a entretenerse solos a ratos. Proporcionémosle un entorno seguro y juguetes adecuados para que realicen sus propias experiencias y sus propias dependencias. Solo un requisito: no nos alejemos demasiado ni los dejemos mucho tiempo solo (aunque lo soporten). Y mientras el niño permanezca despierto, permitámosle estar en la sala o en la cocina, junto a nosotros. Los niños que participan en la vida familiar se desarrollan mejor y son más despiertos.

domingo, 26 de agosto de 2012

MUNDO PREESCOLAR

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